viernes, 29 de abril de 2016

La danza de los viajeros

La danza de los viajeros

  Baila, baila, corazón mío la danza del destino con la melodía de la esperanza. La sonrisa de la música cosquillea mis labios y acelera mis pasos. Con cada nota me elevo cada vez más y más, vuelo sobre un pentagrama de sueños. De la mano me siguen los míos, en esta danza que nos ilumina el camino.

  Danzad, danzad, benditos seáis corazones que me entregáis vuestros destinos. Mi alma dirige el timón de este barco de papel que surca los mares camino a Ítaca. Nos quedan muchos puertos por visitar, islas que disfrutar y continentes que descubrir. No tengáis miedo, mis manos sujetan con firmeza el timón. En el pasado sobrevivimos a bravas borrascas, preparados nos encontraran las del futuro. Por ahora disfrutemos de esta épica travesía.

   Pobre de quienes intenten obligarnos a cambiar el rumbo, somos guerreras y guerreros que no se doblegaran ante nadie. Dioses del viento y del mar bendecid a estos valientes viajeros.


Ana Rosa Tinoco  25/04/2016

martes, 29 de diciembre de 2015

Decisiones contra problemas.


Decisiones contra problemas.

Quien tiene un problema tiene una decisión que tomar. A esta conclusión he llegado después de reflexionar sobre un comentario, que  hizo una amiga, sobre mi actitud ante los problemas. Antes solía angustiarme ante los problemas, me bloqueaba. Hasta que en una ocasión, vi con claridad que la solución a un problema estaba en tomar una decisión. Desde entonces, de forma instintiva me comporto así. No creáis que es fácil primero ver cuál es la decisión y luego elegir, porque en realidad el problema no desaparece, pero si la limitación que te provoca. Limitación para seguir hacia delante, porque el problema lo que siempre hace es obstaculizar. Y tomar una decisión tampoco es fácil, tal vez tendrás que salir de tu zona de confort o ser egoísta y anteponer tus sueños a tus seres queridos. Ninguna decisión será fácil, incluso alguna te desgarrará por dentro, o te recompondrá. Otras serán tan fáciles que te parecerá increíble no haberlas tomado antes. Pequeñas decisiones con pequeños cambios, y grandes decisiones con enormes cambios, volviendo tu mundo del revés pero del que volverás renaciendo como el ave fénix.



Cuando tengo que tomar una decisión sopeso pros y contras. A veces las consecuencias solo te afectan a ti, otras a personas que te importan. Puede que ellas lo entiendan y acepten o puede que lo tomen como una traición, pero no puedes sacrificar tus sueños y proyectos por no disgustar a alguien, que en realidad, si te aprecia te apoyará y si no lo hace es que no es sincero, ni su amistad ni su amor. Alguien me dijo una vez, que la angustia aparece en el momento exacto que te das cuenta que debes tomar una decisión. Esa angustia es quizás el primer escollo a superar y mientras más veces lo superas, más bajo es el nivel de esa angustia. Sobre todo cuando las consecuencias son un camino por delante claro, abierto y lleno de posibilidades. 

Ana Rosa Tinoco

domingo, 4 de mayo de 2014

Ser madre hoy



Ser madre hoy

Ser madre no es una tarea fácil y en estos tiempos menos. Para mi madre, cuando éramos unos críos, lo más importante era tenernos limpios, alimentados y sanos. Ahora debo también estar alerta, cuando mi pequeño entra en internet, que no se tope con un pederasta o estar vigilando ante un posible acoso escolar. En mi adolescencia mi madre me mantenía alejada de los chicos y me metía el miedo al embarazo. A mis hermanos que no tuvieran “malas junteras”. En casa había una serie de normas de obligado cumplimiento. Yo debo darle clases a mi hija adolescente de prevención de enfermedades venéreas y charlas sobre el abuso del alcohol para que no termine con un coma etílico cuando va de botellona. 

La droga está al alcance de cualquier crio, la apatía en los estudios está generalizada ante el panorama que tenemos en este país. El estrés llega a niveles nunca conocidos por el temor de no tener recursos en caso de que enferme alguno de tus hijos. Aparte de tener estos frentes, una madre debe intentar mantener su desarrollo personal en equilibrio con la atención a sus vástagos. Todo un ejercicio de malabarismo psicológico al borde del precipicio y sin arnés de seguridad. 

Ante esta dramática reflexión puede parecer que estoy arrepentida de ser madre, pero no es así. Nosotros enseñamos a nuestros hijos a caminar y levantarse cuando se caen. Mis hijos me han enseñado cual infinita es mi paciencia, mis grandes capacidades, una resistencia que no creía poseer y una resilencia a prueba de desastres naturales. Puedo estar cansada, agotada, enferma, al borde de la extenuación, pero una sola petición de auxilio de mis hijos me carga de una energía fuera de lo común. Por todo esto, bendigo la decisión de ser madre y les doy a mis hijos las gracias por mostrarme que no tengo límites.

Ana Rosa Tinoco